EL HIJO DE PUTA DE MI PERRO
Antes de explicaros nada os pongo una foto de mi perro, se llama Nerón:

Parece muy mono ahí tumbadito, durmiendo, como si fuera la cosa mas linda del mundo, pero no os dejéis engañar, es un auténtico cabrón visceral sin escrúpulos. La historia que relato a continuación no es más que un viejo ejemplo de las muchísimas putadas que me ha hecho.
Bien, os contaré algo que me pasó hace como dos o tres años, en Agosto a eso de las dos de la tarde, mientras realizaba una limpieza general de mi casa antes de que mis padres volviesen de vacaciones. Debo añadir, que había estado solo en casa, con mi perro como única compañía exceptuando alguna visita esporádica y una gran fiesta con varios amigos.
Imaginadme a mi, aspirador en mano, cazando motas de polvo kilométricas, restos de tabaco, chustas de puro y de porro, sobras de comida putrefactas escondidas por las esquinas y demás artículos de diversa índole desperdigados por todos los rincones de mi casa. Pues ahora bien, estoy en la habitación de mis padres, donde he dormido todos estos días, limpiándola a fondo; cuando el jodido aspirador se traga desde lejos (potencia de la de verdad) dos pendientes de diamantes de mi vieja que le regalaron en su boda. Bueno no te alteres, pensé, lo abro y no pasa nada, ¿no? PUES NO, si que pasó y MUCHO.
Llevo el aspirador al salón, y empiezo a investigar como ostias se abre, lo descubro (tras 10 minutos de pruebas) y saco una especie de "bolsa" que contiene toda la acumulación de mierda de una cantidad indefinida de aspiradas de mi vieja, eso era el puto baúl de los recuerdos. Me he encontrado muñequitos de cuando era pequeño que mi vieja ha aspirado hace poco, una pluma de mi padre que había perdido, un jodido CD triturado (ni idea de como entro ahí), unas cuantas pilas, mi antiguo reloj de pulsera, mi canica de la suerte, y un interminable y largo etcétera de objetos de todo tipo; pero ni rastro de los pendientes... esa máquina era equiparable a un agujero negro, se lo tragaba todo, sin excepciones.
Tras buscar media hora entre polvo, mierda, y demás obras de dios; decido ir al baño a lavarme las manos y refrescarme un poco. Cuando vuelvo, veo al hijo de puta de mi perro, Nerón, jugando con la bolsa del aspirador, desperdigando toda la mierda por el salón que acababa de dejar pulcro y perfecto. Os imagináis mi ira con el susodicho demonio, equiparable a Goku entrando en modo superguerrero: Él lo sabe, yo lo sé, y nada más intentar abalanzarme sobre él empieza a derrapar perdiendo el culo, para ocultándose entre la mesa del salón y las sillas, un lugar donde no puedo cazarle ni de coña. La mierda ya me la suda, la piso y esparzo sin contemplaciones porqué solo pienso en matar a mi perro como sea, pero el cabronazo corre como el viento (...perdigón) cuando quiere, y no consigo pillarle. Desisto y me propongo recoger la mierda, aspirarla pensé, pero el aspirador esta desmontado y la bolsa que recopila la mierda... MORDISQUEADA e imposible de reutilizar (no se donde hay más de esas, eran bolsas raras para mi).
Me fumo un piti, pienso, y me vienen flashes de mis viejos entrando en casa (quedaba una hora para que vinieran) y encontrándose semejante panorama, porque el salón estaba jodidamente asqueroso, mi perro rebozado cual croqueta en polvo, el aspirador destripado y encima los pendientes aún no los había encontrado. Me dirijo raudo y veloz hacía la bolsa y comienzo a rebuscar de nuevo en un ataque de locura, y joder, nada de nada, los pendientes no están.
Cojo una bolsa del carrefour (iluso de mí en aquella época) y la meto en el aspirador, la acoplo con celo chapuceramente y lo cierro, parece que va a funcionar. Lo enchufo, empiezo a aspirar y a los segundos algo explota (literalmente) dentro del aspirador y saltan los plomos. De puta madre llevo un día redondo, pensé en voz alta.
El fusible que saltó se ha quemado, tengo que buscar uno nuevo y cambiarlo pero no hay ninguno en casa. Salgo al descansillo, llamo al timbre del vecino y le pido uno casi de rodillas, menos mal, tiene uno. Le doy las gracias y lo pongo rápidamente, la luz vuelve a funcionar. Una cosa menos... por ahora.
Cojo el aspirador y lo mando a tomar por culo, lo tiro cual despojo en la cocina y al carajo con él, empiezo a limpiar con la escoba convenciéndome a mi mismo de que las viejas tradiciones son mejores que las nuevas tecnologías. Mientras mi perro estaba desaparecido, y ni siquiera venia a pedirme perdón (suele venir después de hacerme alguna con las orejas gachas, arrastrándose), pero no quiero salir muy lejos del salón por si viene y me desparrama la enorme montaña de suciedad que tenía acumulada. Quedaban 15 minutos para que vinieran mis viejos, y aún no había encontrado los pendientes, me quedaba muchísima mierda por recoger, mi perro estaba a saber donde más sucio que la ostia y yo estaba sumamente estresado, sudaba, temblaba y tenía miedo. Me van a capar, me van a capar, despídete de tu vida por unos malditos pendientes; me decía a mi mismo.
Me preocupa no saber donde esta el demonio y voy en busca de él, descentrándome de mis labores de limpieza. Al verle me cague en su puta madre mil y una veces, porque le encontré en mi cama, convertido en una enorme mota de polvo y mordisqueando con ganas algo ¿A QUE NO SABÉIS QUE ERA? Maldito sibarita, los dos putos colgajos que andaba buscando (están unidos por una cadena de plata cuando los guarda mi madre) que podría haberse tragado y cagado en el parque para sorpresa de algún basurero coprófago. Le pego de ostias sin dudar, le meto en la bañera, y cojo los pendientes para dejarlos en el mismo lugar de donde los aspiré, como si nunca se hubieran movido de ahí. No tengo tiempo para bañar a Nerón y limpiar el salón así que decido hacerlo a la vez, craso error.
Estoy terminando con el salón, cuando veo correr a Nerón por la cocina, totalmente empapado, restregándose por el suelo todo feliz él. ¡¡AHHHHHHH!!, grito, me desahogo y cojo a Nerón para llevarle a la ducha y, esta vez, encargarme con seguridad de su baño. Le pongo la ducha con agua tibia y le cierro las puertas. Llora mucho, pero que SUFRA.
Suena el timbre, -¡Mis viejos, mierda! pensé, pero no, era mi vecino que había oído gritos en mi casa, al abrirle me preguntó que si pasaba algo, que me notaba alterado, a lo cual le dije que no, secamente, y cerré la puerta en sus narices. Luego me acordé de que es madero y que no ha sido buena idea hacer eso, pero no tenía tiempo para pensar en otras cosas que no fuera adecentar mi casa. Tengo que terminar el salón, limpiar todo lo que ha mojado el puto perro y secar a Satanás.
Al fin consigo limpiar el salón, mis padres se retrasaban (algo positivo, al fin), y comienzo a limpiar los restos de la carrera-restregada de Nerón por toda la casa, cuando piso algo MUY BLANDO, ¿pero que he hecho yo para merecer esto? me pregunto, era una mierda de Nerón (llevaba meses el hijo de puta sin cagarse en casa, y tenía que hacerlo hoy). La limpio y me limpio el pie (agh, enserio, mucho agh), y me acuerdo que tengo al perro en la ducha. Voy, le saco y seco sin problemas. Una vez termino le encierro en uno de los baños hasta que vengan mis padres, lo veía como un peligro andante en ese momento, un terrorista casero, en definitiva un ser al que temer.
La casa estaba casi limpia, solo faltaba el aspirador que estaba destripado, fundido y sin bolsa; desparramado por la cocina. Pues bien, lo intente enchufar sin bolsa para ver si funcionaba y nada, que no se encendía. Me he cargado el aspirador, toma ya.
Está todo hecho, mi perro chilla desde el baño pero que se joda, ahí se quedará hasta que vengan mis padres. Segundos después de pensar esto aliviado, oigo sonar el telefonillo, eran mis viejos y mi hermana. Entran, y lo primero que hace mi hermana al llegar es irle a liberar para darle mimitos, sin siquiera saludarme tras un mes sin verme. Mi madre en cambio me dijo cariñosamente: -¡QUE SUCIA ESTA LA CASA! ¡ERES UN GUARRO! ¡CERDO! ¡SEGURO QUE NO HAS LIMPIADO EN TODO ESTE TIEMPO! En fin... que injusta es la vida.
Decir, me veo obligado a, que las dos grandes golfas (madre y hermana) tenían más ganas de ver a mi perro que a mi, una persona supuestamente querida. Me echaron la bronca por tener al perro encerrado, por cargarme el aspirador, hablaron con el vecino en una típica conversación de ascensor al día siguiente y por lo visto estaba ofendido por mi contestación, y para rematar el suelo se quedo como pringoso; pero al menos nunca descubrieron nada sobre los dichosos pendientes.
En fin, vuelvo a decir, que injusta es la vida, tendría que haber matado a mi perro en cuanto tuve la oportunidad, ahora ya es demasiado tarde para que se haga justicia porque se ha convertido en el indiscutible rey de nuestra casa.
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