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OGAME, LA PERDICIÓN
Maldito, o bendito, día en que a una empresa alemana muy friki llamada Gameforge se le ocurrió crear este diabólico juego llamado Ogame, que tantas vidas ha destruido sin piedad ni contemplaciones de ningún tipo. Deberían prohibirlo, ilegalizarlo, arrestar a los ideólogos, atomizar los servidores del juego y erradicarlo completamente de la faz del ciberespacio. Mi pesadilla, o iluminación mirándolo de otro modo, comenzó hace tres años, cuando un “amigo” (no te lo perdonaré jamás) me comentó la existencia de esta página y el juego que albergaba. Todo parecía muy inocente y entretenido, hasta que comprendí el porqué de su éxito, es una droga de las más duras que existen, ni la heroína se le puede comparar. Me registré en el universo 12 y comencé a subir mis minas lentamente, sin darle tampoco mucha importancia al juego, hasta que llegado un fin de semana hice mis primeras naves gracias a un chute de recursos de la alianza de mi amigo. Ese fue el fin de mi vida, ya solo había Ogame. Era tal la obsesión por buscar inactivos, gente sin defensas ni flota o cualquier cosa que mi escaso nivel de desarrollo pudiera atacar; que comenzaron a mutarme los pies por raíces, hincándose estas en el parqué hasta tal punto que los vecinos de abajo pensaron que se avecinaba un monzón de proporciones bíblicas. Mi imperio intergaláctico creció con el paso de los días, escalando puestos rápidamente en el ranking, anhelando cada vez mas saqueos, presas y recursos; hasta que descubrí el lado amargo de mi nueva vida, las putas recicladas. Un cabrón sin escrúpulos destruyó mi irrisoria flota convirtiéndola en míseros escombros de mierda, para posteriormente reciclarlos. Aquí me di cuenta de cómo se jugaba al Ogame y necesitaba aprender todo lo posible sobre como joder de la misma manera a los demás, ese era mi único pensamiento. Leí decenas de guías y manuales, conversé con tops100 de mi universo con humildad pero odio oculto hacia ellos, procuré recuperarme de la reciclada y aumentar todo lo posible mi flota, investigaciones e infraestructuras. Para cuando me quise dar cuenta, ya estaba top100 en un universo creado meses antes de que yo entrara, lo cual es meritorio. Era tal mi emoción al escalar de media 20 puestos en cada actualización del ranking, que ya me había encargado de suministrarme (por internet, claro está) bolsas de suero para alimentarme por via intravenosa, cantidades industriales de café y varios orinales diferentes para mis necesidades fisiológicas; no podía separarme ni un segundo de mi imperio, eso lo tenía claro si quería ser el mejor. Con el tiempo mis antiguos amigos renegaron conocerme perdiendo de esta manera amistades inútiles para mi nueva vida, mi novia se exilió temerosa por su integridad física tras decirme que el Ogame era una auténtica mierda para niños fracasados, mis padres desaparecieron misteriosamente (yo no sé nada, lo juro) y mi antiguo hogar se convirtió en un antro oscuro y lúgubre plagado de degeneración y vicio. En mi alianza adquirí rango de líder indiscutible, enseñando a varios pupilos el camino a seguir para ser un pro del Ogame, encadenándolos a la misma invisible tortura que yo sufría, siendo incapaces de desprenderse de las cadenas del vicio ogamero. Todo era perfecto hasta que un día, en plena guerra contra otra alianza superior, cuando tenía mi flota peligrosamente desplegada en una colonia móvil, el top2 del universo usando su sensor phalanx, recicló mi flota al completo. Era tal la desesperación, el odio desmesurado hacia el mundo, la ira desbordante en mi interior; que en el cibercafé donde me encontraba tuvieron que llamar acojonados a los antidisturbios. Estos no pudieron reducirme ni por asomo, asique que tras un rato destrozando ordenadores y mutando mi piel hacia un color cada vez mas verdoso, aparecieron de la nada descendiendo por cuerdas del techo los GEOS con la firme creencia de que solucionarian definitivamente la situación. Los miré, me miraron, lo siguiente que recuerdo fué a varios de ellos volando por los aires y el resto meándose encima tras ver mis ojos llameantes de ira junto con un aura rollo Goku que emanaba de todo mi ser. Acordonaron la zona, precintaron el ciber totalmente, cortaron el táfico de la calle y acudieron los cuerpos especiales del estado, varios francotiradores con dardos tranquilizantes para elefantes. Recibí 162 dardos antes de caer inconsciente, no sin antes incrustar varios coches en los balcones de las casas colindantes y comerme varios agentes del desorden. Me pusieron una multa por no pagar mi cuenta en el cibercafé y una denuncia por agredir levemente a un agente del orden. En conclusion, gracias al sistema judicial justo y ecuánime me soltaron, pero estaba siendo vigilado... lo intuía. Perdí todo por lo que había luchado durante 3 meses, fue el final de mi vida, desde entonces nada tiene sentido, mi vida esta rota. Destroce, grité, golpee, lloré, insulté, me automutile, incluso maté a cualquier cosa que se pudo poner en mi camino durante 12 días exactos. Entre tanto conseguí la dirección física del top2 que me destrozó la flota y al día siguiente aparecí en todos los periódicos con el siguiente titular: "Enfermo mental adicto al Ogame, quita la vida a otro jugador por destruirle la flota. Desde entonces me encuentro entre rejas, sin mi merecida libertad. Hasta hace poco me prohibieron tener acceso a cualquier ordenador dentro de este pútrido lugar, repito, hasta hace poco. He vuelto al Ogame gracias a mi buen comportamiento, he vuelto en el universo 50. La vida vuelve a tener color y sentido para mi, me siento bien, feliz, pleno conmigo mismo. Me despido con una seria advertencia, si lees esto y juegas al Ogame en el universo 50, enfréntate a las consecuencias de jugar con alguien como yo, porque el Ogame ya no es un simple juego, es una religión. Temed por vuestras vidas.
ENLACES REFERENTES AL JUEGO
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