JUGAR O NO JUGAR, HE AHÍ LA CUESTIÓN

Cada vez es más emergente, aunque siga denigrado socialmente, el ilustre arte de los videojuegos. Plagado de grandiosas sensaciones, momentos inolvidables, recuerdos irrepetibles, divertidas enfrikadas enfermizas y sesiones intensas de desconexión total y absoluta con el mundo. Aunque debido a esto, todo hay que decirlo, existan multitud de japoneses y gringos enriquecidos brutalmente en base a nuestro ocio. Me da absolutamente igual, adoro los videojuegos. La verdad es que me parece lógico que lo hagan, como muchos otros se enriquecen con sus libros, sus películas o sus mamadas a ciertas figuras del politiqueo; pues que Sony, Microsoft, Sega, Konami, Blizzard o Bioware, entre muchos otros, los hagan con los videojuegos. Mejor esto que hacer M16 para África, vamos digo yo.

Muchas obras maestras ha dado este arte, algunas tan grandes que llegan a ser consideradas obras de culto por varias generaciones, y con toda la razón porque entre estas personas me incluyo.

Lo que citaré a continuación no es más que un aperitivo de la grandiosidad que puede concebir el mundo de los videojuegos, tan denigrado y recluido al sector infantil, cuando cada vez de infantil tiene menos y su inversión en el espectro de la sociedad (el infantil, los niños para los enbrutecios) baja en picado. La verdad es que me parece fatal, los videojuegos pueden ser igual de lúdicos para los niños que un buen libro o una película de pixar.

Bueno, comencemos con esto, que intuyo la escritura de una Biblia a continuación.

Hace tiempo ya, con mi añorado ordenador 486, cuando no era más que un retaco descubriendo mi alrrededor vislumbré un juego que me abrió las puertas a este mundo y me abrazo con fuerza para no soltarme jamás, era como el Mesías de las consolas, hablo del Monkey Island 2. Era tal mi emoción por avanzar en la partida para saber que pasaba con mi estúpido pirata, que descubrí en poco tiempo que no podría separarme jamás de esta forma de interactuar con la historia que tenía delante de mí. No era simplemente ver lo que pasa y ya, como en las películas, los libros de dibujos o la tele, no, si no trataba de ser parte indispensable de lo que pasaba y vivirlo de primera mano como partícipe exclusivo de ésta.

El protagonista en cuestión era un pirata mediosubnormal pero jodidamente rico al principio, Guybrush Threepwood, que andaba en busca de nuevas aventuras. El caso es que le tima un matón de la isla muy simpático nada más empezar y le deja en bragas. Después, ya con un barco, deberá enfrentarse al pirata-zombi LeChuck, recuperar el amor de Elaine Marley y encontrar el mítico tesoro del Big Whoop, enigmática leyenda del caribe. Todo muy friki, pero apasionante que te cagas hayas o no cogido un videojuego en tu puñetera vida, en mi caso concreto en aquel momento, nunca. La guinda de este juego es el final, considerado por muchos el más desconcertante de la historia de los videojuegos.

Proseguí en mi peregrinación, juego tras juego, encontrando cosas como el Superdot o el Castles, todos en sistema DOS.

El Superdot era un juego porno (en esa época era Don Pajillero precoz) en donde encarnabas a un superhéroe con un pollón de proporciones bíblicas que tenía que ir entre campos de asteroides, de basura, nebulosas y demás; en auxilio de ciertas mujeres cachondas y rabiosas de sexo a más no poder. Vamos una chorrada de juego pero del que me pase sus 35 niveles dejándome la mano reventada… de tanto jugar.

Con el Castles todo era diferente. Este juego era, ni más ni menos, el primero de estrategia que probé, un género que ahora adoro. Encarnabas a un señor feudal con el que tenías que gestionar la construcción y mantenimiento de tu castillo, prevenir invasiones de otros cabrones feudales o bestias del inframundo, recibir o enviar embajadores, celebrar fiestas con artistas y millones de chorradas más. Me levantaba sigiloso por las noches, sin que mis padres lo supieran (me calló más de un broncón ernome por esto), para poder avanzar con mi castillo y conquistar nuevas tierras. Era apasionante poder meterme en el papel de un cabrón como pudo ser cualquier rey de la antigüedad.

Otros juegos en DOS fueron los míticos Igor Objetivo Uikokaonia, Day of Tentacle o el Maniac Mansión. Las dos últimas, archiconocidas obras maestras de las aventuras gráficas y que toda persona que se considere un videojugador en condiciones debe haberse pasado al menos 2 o 3 veces.

Seguí jugando compulsivamente con el pasar del tiempo. Ya tenía la Mega Drive, el ordenador y la Game Boy (me dejé todos mis ahorros durante años en malditas consolas). Las ya extintas recreativas (añoradas por muchos) eran mi segunda casa, fundiéndome pagas enteras en intentar (lo conseguí y fue dia de fiesta para mi) pasarme el Ghost & Goblins, volviendome majara perdido con tanto disparo en el 1943-1944-1945, viciarndome con otros crios al Samurai Shadown y en general haciendo amigos igual de interesantes y superdotados intelectualmente (y ejem) que yo. Para que luego digan que los videojuegos hacen gente asocial, a mi me hicieron tener muchos más amigos y encima, gente interesante.

En casa, con mis consolas, disfruté las mil maravillas con joyas como los Sonic, Streets of Rage, Metal Slug, Golden Axe, Comix Zone, Excalibur, Lemmings, Shinobi, Tetris, Supermario I y II y muchos otros. No paraba de jugar en mi tiempo libre (mucho en aquella época, como es de esperar en una infancia feliz), tal era mi vicio que el único castigo que mi madre aplicaba sobre mi con éxito era retirarme las consolas. Me portaba TAN BIEN si me amenazaba con esto, que me convertí en el niño modelo que toda madre pudo desear jamás… más o menos. Para que luego digan que los videojuegos crean delincuentes o perturbados mentales, a mí me hicieron mejor persona, por un tiempo.

Después de unos años llegó el gran salto, la PlayStation. Benditos sean los de Sony y todos los nipones de mierda por crear en su cultura una consola así. Nada más comprármela, no tenía ni un juego porque todos eran caros de pelotas y tiraba de las demos. En mi colegio otros niños también la tenían y presumían estúpidamente de que tenían un “chip” mágico que les permitía tener juegos pirateados que vendían los moros en las mantas (anda que no me habrán vendido juegos que luego resultaban ser música o cosas así). Yo quería tenerlo también, me corroía la envidia mala esta que piensas como solución real en robar y matar al “prójimo”.

Fui solo, mintiendo con que iba a sacar al perro, a una tienda que me dijo uno de estos amigos, bastante chulito y subnormal la verdad, a colocarle a mi consola el  mágico “chip”. Algo novedoso para mi con esto de los CDs, porque siempre jugué con cartuchos de la Mega Drive o la Game Boy y el pirateo cuando eres pequeño pues como que ni se te pasa por la cabeza. Recuerdo que me sentí un delincuente, completamente atemorizado por cometer algo así de ilegal y prohibido, sobre todo cuando le dije al dependiente con tono bajito e intentado reproducir la jerga del hampa:

– ¿Oye, aquí ponéis chips a la Play? Yo no diré nada a la policía, soy un tio legal, ¡lo juro!, pero por favor ponme el chip ese para los juegos de los moros, LO NECESITO.

El dependiente se despolló vivo, pero me dijo que me lo pondría y que pasara a recogerla en dos o tres días. Salí de allí contentísimo aunque no me gustaba nada tener que dejar la consola en una tienda así, principalmente por si algún delincuente la revendía en el mercado negro o me la estropeaba al manipularla; iluso de mí en aquella época. Lo que puede llegar a hacer la televisión y el catastrofismo mediático en la mente de un niño adorable, dulce e inocente como era yo… increíble.

Al tema que me desvió, juegos grandiosos que parió esta consola. Tales como el Metal Gear Solid, el Final Fantasy 7-8 y 9 (sobre todo el 7, mi primer y gran RPG), Legend of Gaia, Tekken 3, Crash Bandicoot-Bash-Team Racing, Dino Crisis 1 y 2 (¿Por qué no continuó Sony en la PS2 con esta GRAN saga?), Silent Hill, Resident Evil 2 y 3, Syphon Filter, Medievil 1 y 2, Abe’s Odysee e infinidad de títulos que ocuparon cientos de horas de mi tiempo. Algunos de ellos, de los más mágicos de mi vida.

Esa sensación apoteósica que emanaba el Final Fantasy 7 (me lo recomendó un primo mío que solo he visto una vez en mi vida, pero aún así, le amo y recuerdo por este juego). Ese espécimen de Soldado llamado Cloud junto con toda su tropa luchando por salvar el mundo de Gaia de las ambiciones de Shinra y del mejor maligno creado jamás para un videojuego, Sephirot. Quien no haya jugado a esta obra maestra creada por y para la generación de los pulgares tochos, merece morir de asfixia, quemado, troceado, devorado vivo y/o ahogado.

Como olvidarnos del ya citado Metal Gear Solid, juego que quisieron prohibir a nivel mundial porque uno de los personajes, la francotiradora, consumía Diazepán para relajar su pulso y un subnormal pirado americano intento imitarla en la vida real. Eso si, en las películas de Hollywood pueden salir todas las drogas que quieran, violaciones, genocidios de pueblos convirtiendo en héroes a sus soldados e interminables ejemplos diversos; sumando al carro su apreciada televisión pública plagada de programas como COPS y derivados. Maldita demagogia que domina el mundo con los videojuegos. El juego era la ostia, y un ejemplo de antibelicismo que cautivó millones de corazones en todo el mundo con su trama, cuidada y mimada a más no poder. Snake, Snaake, SNAAAAAAAAAKE!!

Mientras mis dedos gordos iban creciendo cual pimientos gracias al mando de la Play, no dejaba a un lado mi nuevo ordenador (Pentium 133, en su momento un pepino). Hay muchos juegos a los que me vicié en su día y que me veo obligado a citar: como por ejemplo el Age of Empires 1 y 2, el magnánimo TZAR, Broken Sword 1 y 2, el apasionante Monkey Island 3, la maldita máquina máxima del vicio llamada Diablo II, los originales y atrapantes Fallout 1 y 2, el increíble y mágico Baldur’s Gate  y su saga posterior, los IceWindale, el insuperable Ultima Online, el Starcraft con su universo épico de batallas entre mundos y decenas de juegos más. Joder, la verdad es que me he viciado a muchísimos juegos, la ostia, me enorgullezco de mi mismo, creo. Aunque realmente debería asustarme un poquito de la cantidad de ellos que han pasado por mis manos, puede llegar a parecer enfermizo en tal grado de frikismo máximo. Nah, que os jodan, me encanta ser así.

Retomando los recuerdos, me veo en el deber moral de destacar cuatro grandes de los citados en el párrafo anterior.

Uno grande pero bastante secundario para muchos, el TZAR, de los mejores juegos de estrategia medieval que he conocido jamás. Combinando tropas comunes y heroes con iconos de la fantasía, pudiendo elegir únicamente tres civilizaciones (Europeos, Árabes y Asiáticos) pero perfectamente equilibradas entre sí. Como incluía además un creador de mapas y campañas, yo era tan putamente friki que llegué a recrear fielmente batallas históricas de antaño solo para poder manejar semejante momento de la humanidad por una vez, porque después me aburrían, y pasar a crear la siguiente con manceba premura.

Otro gran juego, indispensable sin lugar a dudas para mi, es el Baldur’s Gate. Este lo pillé tras echar mis primeras partidas de rol en mesa cuando empezaba el verano de aquel ya lejano año, concretamente las partidas eran de D&D. Sobra decir que el verano entero que me pasé jugando a esta preciosidad del software, mi imaginación se encontraba desbordada sobre límites que ni yo mismo conocía. Mi personaje principal me dominaba, se trataba de un Ladrón semielfo sin remordimientos de ninguna clase que actuaba como un auténtico hijo de puta y que encima, le gustaba serlo. Sobra decir que lleve el camino del “mal” (este juego te deja elegir sobre que camino elegir) y yo iba con mi grupo de viscerales cabrones haciendo de los Reinos Olvidados un lugar mucho peor. Me encantaba. Podía robarle todo a cualquier NPC que saliera en pantalla, cargarme a quien quisiera y joder por doquier a quien me diera la real gana pero con cuidado de no encontrarme con tropas del Puño de Hierro que iban dopados hasta las cejas. Sobre todo disfrute como un enano en la ciudad de Puerta de Baldur, donde las misiones secundarias no tenían aparente fin. El Dios del asesinato no era como tal necesario, ya existía yo para joderlo todo.

Uno de los más grandes, y al que más vicio le he dedicado (de hecho estoy haciéndome mi propio servidor), el Ultima Online o UO como es conocido popularmente entre las masas corrientes. Este juego es grandioso, digno del olimpo o cualquier trono divino. El abuelo del WOW y todas estas mierdas modernas de MMORPGs tan famositas ahora, del que surgió todo y el creador del concepto de videojuego como realidad alternativa. Basado en la edad media de un mundo conocido como Sosaria. No hay historia, no hay final, es simplemente la recreación total de la vida real en el juego, transportado a un mundo de fantasía mágica. Lo más destacable es que los servidores no oficiales pueden crear lo que les dé la gana en lo que a scripts se refiere, por lo tanto la creación es infinita, limitada exclusivamente por la imaginación del scripter. Sin lugar a dudas, el mejor MMORPG conocido y más aún con la nueva versión remasterizada que se avecina en ciernes.

Por último, un diamante importante a glorificar entre tanta joya, el Fallout. Recreación de la trilogía Mad Max (aunque su historia no tenga nada que ver, es solo la estética) y una distopía postapocalíptica nuclear. Este juego de rol era diferente al Baldur, aquí ya no había casi ni historia principal, solo conseguir el dichoso chip de agua para tu refugio plagado de soplapollas traidores (habia varios, el mas facil estaba en la ciudad de los mutantes, para los torpes) y el resto era como a ti te diera la santísima gana. Si querías erradicar un pueblo entero por mero capricho, lo hacías; si querías unirte a una banda de piratas del desierto y ser su líder mediante méritos para tiranizar a los pueblos colindantes, lo podías hacer; qué te apetecía ser bonachón y salvar el mundo en vez de doblegarlo a tus pies, pues lo hacías. No había ni siquiera una línea histórica para jugar, todo estaba desordenado. Libertad total sin necesitar conexión a internet, es lo que define a este juego.

Después de todos estos juegos de PC (con ya mi último y actual ordenador), irían cosas como el Black & White 1 y 2, Medieval total War, Shogun total War, Counter Strike, Civilization IV, Runaway, Hitman e infinidad de títulos, imposibles de recordar ahora debido principalmente a la cantidad.

Luego esta la preciosa (porqué es bonita la jodia) e idolatrada PlayStationPortable (PSP), diosa de las portátiles y fiel compañera de metro o viajes en donde viciar o ver películas se ha convertido en algo habitual. Solo nombraré algunos ejemplos como LocoRoco, Patapon, God of War Chain of Olympus, Prince of Persia, Silent Hill, Manhunt, Monster Hunter Freedom I-II y otros. Impensable para mí hace unos años que pudiéramos llevar en el bolsillo una máquina tan potente, impensable de veras.

Para ya ir finalizando con este monumental artículo necesito comentar mi actual consola, la PlayStation2, a la que aún le queda uno o dos años de vida (las de nueva generación tendrán que esperar, debido al presupuesto) y una lista de 12 juegos que beberme. La consola más vendida de la historia y la que más amor homosexual ha generado hacia Sony. Es increíble que una máquina así pueda soportar dioses hechos juego como los Metal Gear, los dos God of War, el Dragon Quest VIII, el marginado ICO, el insuperable Shadow of the Colossus, DBZ Tenkaichi, Tekken 5, GTAs (si, esos juegos de delincuentes y asesinos en serie), Fahrenheit, los Yakuza o el mágico pero no traducido Okami. Todas auténticas piezas de coleccionista para todo amante del 11º arte.

Esa magia del Shadow of the Collosus, con sus épicos combates contra titanes, sin apenas historia pero que te engancha de una manera sobrehumana con sus perfectos escenarios, detalles aparentemente estúpidos como el manejo del caballo o irte cargando lagartos de mierda por ser el único “bicho” pequeñín que había. De las mejores horas que he pasado delante de una consola, sin duda alguna, además fueron horas compartidas en compañía de varios amigos porque nos lo pasamos en una noche de encierro.

¿Qué se puede decir del acojonante Kratos, el fantasma de Esparta? Un mortal que se convierte en no solo el Dios de la guerra, sino en una seria amenaza para todo el Olimpo, el mundo humano y todos sus dioses; aliándose con los titanes para tal empresa. Derrotando en los combates más épicos que uno pueda soñar a figuras clásicas de la mitología griega como Ícaro, Cerbero, la Hidra, Caronte, el Coloso de Rodas, Perséfone aliada con el titán Atlas o el mismísimo Zeus, señor de dioses. No jugar a algo así es tirar tu vida directamente a la basura, como un despojo inservible, y sobre todo ser un enorme capullo corto de miras.

Como puntilla final, mencionar que ahora hay una estúpida guerra de consolas con la nueva generación, dándose de ostias sus empresas por consolidarse respecto a los demás. Incluso cuentan con fans encocados que las defienden incondicionalmente como si les fuera la vida en ello. A mi me hacen muchísima gracia la verdad. En general son todas caras a rabiar y como siempre hago, me esperaré a que la PS3 o la x360 baje hasta mínimo 200€ (con al menos 20gb de disco duro, no la mierda versión arcade de la x360) y de paso tener ya una lista de juegos que bajarme del emule junto con un buen chip interno que instalar para evitar que me baneen del servicio de juego online. Máximas prestaciones a mínimo precio, solamente a cambio de paciencia.

Y ya si, como despedida deciros que jugéis siempre, imaginéis lo que querais, soñéis todo lo que podaís, que os dejéis los dedos hechos mierda machacando botones durante muchos años, pero sobre todo haced lo que os dé la gana con vuestro tiempo libre sin que sintáis ningún remordimiento, sobre todo del concepto actual que tiene la gente de los videojuegos, al tocar el mando de una consola. Que les follen a todos, nunca sabrán lo que se pierden.

Creo que voy a echarme ahora un vicio al Assasin’s Creed, el juego que me tiene enganchado ahora, que puede ser con bastantes posibilidades otro grato recuerdo más de esta largísima lista de momentos inolvidables.

¡Viciaros!

 

 

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