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SI YO FUERA… DIOS
No existiría. Pero tomando como base la supuesta existencia de Dios, y yo como ejecutor de esta voluntad todopoderosa, expondré a continuación mis pensamientos y acciones si fuera tan jodidamente omnipresente como lo sería Dios si fuese real. Me produce un placer inmenso imaginarme en tal situación, con un poder total para hacer lo que saliera de mi divino escroto y convertir mi voluntad, por ejemplo, en una máxima de la física o las matemáticas. Podría cambiarlo todo, y tendría un curro de fliparlo porque habría muchas cosas que hacer en el vacío primigenio en el que me encontraría. No tendría la típica imagen de barbudo bonachón blanquecino a lo Perlán, no, sería un puto punk desaliñado con una cresta del tamaño de 500 supernovas, lenguaje de lo más desagradable posible, cruel maltratador de las criaturas que me rodearan y con un claro tinte despótico en cada una de mis decisiones. Sería un cabrón al que temer muchísimo, nada de ese rollo de ama al prójimo, soy bueno y te haré feliz en el paraíso; mariconadas, todo eso desechado desde el principio. Tampoco me autodenominaría Dios, sino Castigador; que sería más adecuado para mi papel en toda la realidad tangible.
Lo primero de todo sería crear y adecentar mi morada-centro de poder del universo, ya que por muy omnipresente que fuera, sería corpóreo con forma humanoide y podría asentarme a descansar en un solo sitio si me diera la divina gana. Todo sería precioso, estilo metálico y oxidado, plagado de llamas titánicas, enormes hornos crematorios para mis futuras creaciones defectuosas, casinos gigantes, furcias angelicales, una orquesta sinfónica que tocara siempre lo que a mi me apetece sin que se lo pida y todo extremadamente fortificado y protegido por miles de millones de cañones de ectoplasma, por si a algún otro dios envidioso se le ocurre la insensata idea de joderme el tinglado. Obviamente se trataría del centro de absolutamente todo lo que crearé en el futuro, el epicentro del universo. Después tendría que crear mi ejército de esclavos que administrarían mi morada. Crearía tres castas, para que se autoprotegieran a si mismas y siempre envidiaran al escalafón superior y no a mi. No quiero revoluciones en mi fortaleza ni guerras separatistas. Nada de angelitos maricones con arpitas, eso es una soplapollez, yo crearía como casta superior a unas tiarronas perfectas e inteligentísimas que me pusieran rabiosamente cachondo y tuvieran algunos (asegurándome de que les es imposible revelarse) de mis poderes para poder dominar sin problemas a las dos inferiores. Se encargarían de velar por mi seguridad (rollo policía política), encargarse de que cada engranaje funciona perfectamente en la administración del universo y en general a ser mis múltiples manos derechas. Serian solo 2 millones y todas lideradas únicamente por mi voluntad.
Entre medias tendría que existir una casta de control de la “plebe” o los chandalas, pero sometida a mis tiarronas. Gigantes, muchos gigantes tochísimos que como única misión tendrían controlar a la siguiente casta, para evitar que cometan errores o se revelen y castigándolos si así lo ven oportuno. Maestros de hacer daño, perfectos luchadores y no muy inteligentes pero lo suficiente como para comprender lo que tienen encomendado. De estos haría un par de billones y aumentaría la producción si fuera necesario. Para terminar la casta de los chandalas, humanos parecidos a los chinos, que serían los currantes inferiores encargados de múltiples tareas: limpiarlo todo y dejarlo pulcro, hacer que se cumplan las leyes universales que crearé, gestionar los cataclismos y sucedáneos, vigilar mis creaciones, aplicar los castigos ordinarios, mantener informados de todo lo que ocurre a los gigantes y en general currar como auténticos cerdos. No tendrían poderes divinos superiores, pero si algún que otro podercillo solo para poder realizar sus tareas con mayor eficiencia. Crearía unos 900 billones de ellos, ya que mejor que sobre a que falte. Solo las tiarronas serían inmortales, siendo el resto sustituido cuando fallecieran. Sobra decir que con únicamente pensarlo todo lo que he creado puede ser destruido, pero sería tal coñazo volverlo a hacer que mejor prevenir con cosas así. Algo importante sería mi trono que ha de ser sublime, con millones de grabados diversos que a mi se me ocurrieran en ese momento: como explosiones, gente matándose, orgías o movidas así que me hicieran reir. Si no me divierte se quita, punto. También cuando me sentara caerían muchos rayos por todos lados matando chinos al azar, porque me haría mucha gracia. Si me acaba aburriendo se quita y se pone algo parecido que me pareciera igual de original y entretenido. Ya está, mi base de operaciones lista y preparada para trabajar a pleno rendimiento, ahora faltaría lo más importante: crear el todo. No me gusta la gravedad, no la haría. Tampoco me gusta que las estrellas crezcan, se hagan pequeñas y luego exploten, eso es una mierda inútil. ¿Qué puto Dios tan incompetente haría algo así? Los centros de energía del universo serían tetas y pollas (para no ser sexistas) con conciencia propia. Las tetas inspiradas en mis tiarronas y totalmente permanentes que aseguraran un suministro de energía continuo y sin cataclismos extraños. Se quedarían quietecitas y en su sitio. Las pollas estelares estarían inspiradas en mi enorme y divino falo (porque a Dios le gusta follar y tiene rabo, si) pero serían estrellas especiales que fecundarían a otras estrellas y harían miniestrellitas de las que se alimentarían después, para que me riera mucho con los llantos de los criajos recién nacidos. Canibalismo estelar originario, se llamaría esta ley de la astrofísica. De las migajas que sobran, ellas mismas harían planetitas en donde podría crear mis experimentos sociales. Creación de mierda planetaria, se llamaría esta ley. Dejaría actuar a mis estrellas un poco para que no sientan que carecen del don de la voluntad y cuando se hubiesen formado los suficientes planetitas, arrejuntaría unos pocos manualmente para crear un gran planeta donde comenzar mis experimentos. Le metería un poco de agua y mucha lava por todos lados para decorar un poco. La tierra en sí seria un conglomerado de muchísimos materiales, además como no habría gravedad las cosas estarían flotando y volando por ahí. Para evitar que se fueran hacia el espacio, haría unas nubes frikis que contuvieran todo. Una especie de cárcel benigna vamos. Un mundo en donde se aprovecharía el espacio a pincho, no solo la superficie. Los animales pos un poco de todo, con variedad pero tampoco me rebanaría mucho los sesos. Haría peces redondos o cuadrados, setas que hablaran, conejos asesinos de 4 metros y cosas así según me dé la gana. La evolución no existiría y si algún capullo como Darwin apareciera, lo sometería a tortura divina eterna por decir polladas contra Dios. Las plantas serían casi todas carnívoras, un mundo hostil de la ostia vamos. Sería normal que se zamparan a mis experimentos por ese rollo del equilibrio natural, hecho que me haría gracia pero que no comprendería ya que me la sudaría olímpicamente. Soy Dios, que cojones me van a importar mis esclavos, sería ridículo. Tras crear el planeta, animales inferiores y plantas; llegaría la hora de mis grandes creaciones, los seres inteligentes con “libre albedrío”. No se que cojones se le pasó a Dios por la cabeza, pero eso de crear solo a una raza pensante, me parece de lo más aburrido del mundo. Además solo una pareja, para que todos sean producto de un incesto, joder que asco. Haría 4 especies diferentes, cada una en un punto diferente de la gran tierra, para que tardaran en encontrarse y les diera tiempo a desarrollar suficiente tecnología como para matarse bien y con sentido del humor. La primera serían lagartos tochos de 2 metros de altura como poco. Carnívoros, cabrones, sanguinarios, guerreros, etc. Unos hijos de puta de órdago pero no muy inteligentes. Se organizarían por manadas a lo instintivo y su finalidad en su sociedad, sería ser el mejor cazador de todos. A lo predator vamos.
La segunda raza, la más inteligente. Unos enanos de no más de medio metro, de aspecto similar al de un pulpo evolucionado. Serían anfibios, amigables aunque no lo parecieran ni de coña y esas cosas. Se organizarían que te cagas, en una gran sociedad conectando sus cerebros entre si. No desarrolarían estados ni nada de eso, simplemente serían una gran mente pensante pero individualmente muy débiles.
Tercera, los mediocres. Ranas parlantes parecidas a los Protoss del Starcraft o más bien a la rana Gustavo. Asi feos, siempre mojados, olerían mal, una lengua muy larga, buenos comerciantes y que no destacan en nada pero tampoco tienen debilidades graves. Los más equilibrados pero, a fin de cuentas, mediocres. Organizados por tribus grandes, con jefes tribales y con muchos roles diversos. La más variada en cuanto a formas de triunfar en su sociedad.
Por último, los más subnormales y débiles de todos, los humanos. Los plagaría de defectos, solo 1 de entre un millón saldría perfecto. También les bendeciría con multitud de enfermedades, desgracias, sentimientos de culpa y diversas idioteces que torturarían su existencia. Serían tan mierdas, que me apostaría los cojones divinos a que acaban siendo unos hijos de perra de mucho cuidao. Además les pondría entre las tres especies (situadas en cada pico del triangulo que formarían) para que siempre sintieran peligro, miedo y auténtico terror a ser aniquilados, Jajajaja. Se organizarían de igual manera que nosotros, en el caos absoluto del más cabron manda sobre los demás.
Bueno, mi centro de mando hecho, mis administrativos hechos, mi universo empezándose (se expandiría solo, no me apetecería currar más), mi gran experimento iniciado y únicamente me quedaría sentarme a descansar y mirar de vez en cuando como puedo joder un rato interfiriendo en sus evoluciones. Daría la rueda a uno, el fuego a otro, los ordenadores cuánticos a aquellos, etc. Siempre intentando mantener un desequilibrio no racional basado en mi diversión, como debe ser. Al final de los tiempos, cuando las cuatro especies se hubieran matado entre si y únicamente quedase una; le daría mi bendición a la superviviente convirtiéndola en el pueblo elegido (como los judíos) de Dios. Los enloquecería para que se devoraran entre ellos y no quedase de su civilización ni un ápice de lo que fue, extinguiendo su cultura y recuerdos lentamente, pero para siempre. Se despedazarían la mente pensando que hubiera sido mejor un combate eterno con las otras razas que el tormento de ser los elegidos, una enseñanza que nunca se pararon a pensar, la lucha eterna como el factor principal de la vida (bueno, y mis risas). En fin, es la finalidad de todo ser vivo, morir y mejor si es cruelmente para que me ría. Después de todo este tifostio, me dedicaría a follar con mis tiarronas y a liarla parda en los bares de MI paraíso hasta que me apeteciera hacer algo diferente. La verdad, es que me parecería bastante al Dios actual, solo que un poco más original... aun así, yo si que sería un Dios cojonudo, ya ves si lo sería…
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